Agenda de ocio
Qué hacer y dónde ir con niños en Valencia

Un verano extraordinario

nacho para web pequea bienNuestros hijos  pasarán este verano casi 80 días lejos de las aulas. ¿Cuántas vacaciones tenemos los padres? La dificultad de conciliar la vida laboral y la familiar se acrecienta en el estío. Los niños disponen de mucho tiempo libre que es necesario convertir en tiempo provechoso para ellos, pero, ¿cómo lo hacemos? Parece claro que la planificación en estas fechas es, casi, una necesidad.  Lo bueno es que nos esperan muchos días de experiencias y sensaciones enriquecedoras, si somos capaces de convertir lo cotidiano en extraordinario.

La tentación, ante la dificultad de hacer coincidir en verano su interés de pasarlo bien, y el nuestro de sacudirnos un poco el estrés, suele ser, aparcarlos… Lo malo es que así ellos se pierden a sus padres y nosotros a nuestros hijos. La alternativa es saber organizarse.

Planificar, programar, organizar… ¿Suena aburrido? No voy a recomendaros ahora que atosiguéis  a los niños con obligaciones y trabajos, con estrictos horarios, con programas de ocio de obligado cumplimiento…No,  aunque resulta evidente que es bueno para ellos que continúen haciendo deberes; que se  hagan cargo en verano de una serie de obligaciones en casa; y que cumplan, más o menos, un horario (sobre todo si son muy pequeños). También será conveniente que programemos junto a ellos todo tipo de actividades, lo más variadas posible. Pero mi propósito con estas líneas hoy es otro. Es defender que si los padres debemos procurar que la infancia sea una etapa alegre, el verano es el tiempo del entretenimiento por excelencia.  Y que, además de deberes, horarios y planes, tenemos la oportunidad en vacaciones de reencontrarnos con la mirada infantil que hace que las pequeñas cosas se tornen acontecimientos singulares, excepcionales…

¿Que cómo se hace? La paradoja es que será mejor para lograrlo que nosotros nos hayamos librado del estrés, y que su tiempo sin clase esté bien planificando. Por éste, y por otros motivos, no es malo, sino todo lo contrario, que acudan algún tiempo a un campamento de verano, preferentemente cuando no podamos hacernos cargo de ellos. Será fundamental, en cualquier caso, que pasen parte del tiempo con otros niños, y que les dejemos jugar solos, cuando así lo requieran… pero debemos reservarnos un espacio, no sólo para estar con ellos (no es suficiente) sino para pasarlo bien juntos. 

En mi casa hemos propuesto, para este verano, una serie de actividades extraordinarias de lo más cotidianas. Realizaremos cada una sólo una vez, para que no se conviertan en ordinarias. Las planificaremos bien. Hablaremos sobre ellas muchas veces. Y cuando lleguen los grandes días de ponerlas en práctica, las disfrutaremos todo lo que podamos. Para que cuando los niños sean mayores, puedan contar a sus hijos que se bañaron (el mismo día) en la playa al amanecer y en la piscina de madrugada; que fabricaron un tirachinas con sus propias manos, y que escalaron el monte más alto de la Comunidad Valenciana. Nada menos. ¿Os parece poca cosa? Os aseguro que a ellos no.

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